9 mujeres no hacen un niño en un mes

Albert Einstein dijo algo parecido a “las cosas deben mantenerse simples, pero no demasiado”. Pues eso mismo debemos tener en cuenta cuando queremos alcanzar algo por lo que estamos impacientes y lo queremos “ya”.

Muchas veces, no por correr más o trabajar más duro o echar más horas al día lo lograremos.

extra mile

Soy un fiel convencido de trabajar bien, duro y con ganas.
Creo en el esfuerzo y en ir a por la “milla extra” para las cosas que de verdad quieres; también en que si en casos excepcionales hay que acabar algo “ya”, no hay horarios ni fines de semana. Comprendo y comparto que las cosas hay que cerrarlas pronto, que es mejor acabarlas lo antes posible y evitar que se eternicen o incluso que no las acabemos…

Pero tenemos que ser conscientes de que hay cosas que requieren un proceso… Y un tiempo… Cosas que no sólo no lograremos antes por más que nos esforcemos, sino que hasta haremos que tarden más por no respetar sus plazos.

A menudo nos encontramos con empresas o directivos que quieren lograr resultados inmediatos. Personas que creen que por cambiar un comportamiento, un objetivo o una política de la compañía, lograrán lo que pretenden en un abrir y cerrar de ojos.

Lo malo de esto es que, como no son realistas y no se alcanzan, lo que suelen provocar es el malestar del equipo, la presión excesiva, el agotamiento de los recursos e incluso que nos alejemos de los objetivos.

Como dice el título del post, nueve madres no hacen un niño en un mes. Hay cosas que requieren un tiempo, un proceso, unas circunstancias. Por más que intentemos acelerarlo no estaremos haciendo más que desperdiciar un esfuerzo y una energía magníficos.

embarazo

No hace mucho fui testigo de cómo, en una empresa, se quería cambiar la forma de vender de sus comerciales,  mejorar la implicación de sus equipos y doblar los objetivos… Tras cambiar una serie de procesos, modificar el sistema de incentivos y hacer un par de gestos desde la Dirección, los responsables no entendían que los empleados no estuvieran dando todo lo que se esperaba de ellos. Desde la empresa habían “hecho un esfuerzo” y querían “resultados ya”… Si no los lograban, era porque había que meter más presión, ser más duros, hacer más horas, doblar las tareas de cada uno.

Afortunadamente, en el área en el que yo estaba colaborando hicimos algo distinto a esto que proponía la empresa y nos centramos, no sólo en los objetivos numéricos, sino en la evolución de los comportamientos (también en el corto plazo) y en los objetivos a medio y largo plazo. Al  poco tiempo, los resultados nos dieron la razón. No habíamos caído en la histeria en la que incurrió la Dirección (con lo que ello conllevó) sino que habíamos entendido ese cambio como un proceso, teníamos muy claro cuál era el objetivo final, comprendimos el ritmo y los pasos que esto requería, y logramos los objetivos que pretendía la empresa de un modo muchísimo más eficiente, más rápido y más duradero.

Respetemos los tiempos. Esforcémonos, dejémonos la piel por nuestros objetivos, nuestras metas y nuestros sueños… Pero seamos conscientes de los tiempos que se requieren.

Dejemos madurar a las cosas, respetemos sus procesos. Os garantizo que nos irá mucho mejor. Estaremos consiguiendo lo que queremos y además lo lograremos de una manera infinitamente más agradable.

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Un poco de azúcar en la píldora

Acabo de leer en RRHH Digital que hoy, 1 de abril, se celebra el Día Internacional de la Diversión en el trabajo…  ¡¡¡Y cuánta falta hace que lo pasemos bien en nuestra tarea diaria!!! ¿Verdad?

mary poppinsAsí que, a raíz de esa noticia y con los días festivos de Semana Santa llamando a la puerta, hoy quiero rescatar algo que escribí hace mucho tiempo, cuando me declaré abiertamente miembro de la generación de Mary Poppins.

Y alguno se preguntará: “¿Y esa cuál es?” No, no es la que se caracterice por tener la facilidad para saltar dentro de un cuadro y evadirse a un mundo de fantasía donde ganar carreras con caballos de tiovivo. Ni tampoco es que comuniquemos los mensajes por medio de canciones (vale, alguno lo hacemos de vez en cuando, pero ese no es el tema)

¿A qué me refiero con eso de la Generación Mary Poppins? A esos que queremos realizar las tareas de una manera totalmente profesional, pero tratando de pasarlo bien y disfrutar en el camino.

Aún hay quien acusa a las nuevas generaciones de no tener “filosofía de esfuerzo”, de querer todo fácil, de que su objetivo es disfrutar… Y yo digo: “A mi también me gusta disfrutar”. Yo quiero pasármelo bien en el trabajo, reírme con mis compañeros, tener momentos distendidos… Es más, creo firmemente (y de hecho está demostrado científicamente) que esos momentos de desconectar, echarse unas risas y liberar tensión, son más que productivos porque nos “recargan las pilas” y nos ayudan a centrarnos mejor, a ser más creativos, a trabajar mejor en equipo, etc.

Además, hacer algo que nos gusta y con lo que disfrutamos va a favorecer que, sea lo que sea lo que hagamos, lo hagamos mejor.

Si tienes una tarea que hacer y eres profesional, seguro que la harás bien. Si añades pasión, harás algo extraordinario. Hacer algo con lo que disfrutas hará que marques la diferencia (estoy convencido de que has conocido a alguien que encaje perfectamente con este punto, ya sea un profesor, un jefe, tu pareja o incluso tú  mismo cuando has hecho algo que te apasiona)

Así pues, yo me apunto a poner “un poco de azúcar en la píldora”, es decir, que asumiendo nuestras obligaciones (tomar esa “píldora”) podemos disfrutar y hacerlo más ameno y divertido, además de poner pasión en lo que hagamos.

diversión en el trabajo

El punto importante de esto es el énfasis que le pone a asumir las responsabilidades, no rehuirlas, pero hacerlas más amenas, más llevaderas y disfrutar lo más posible con ellas.

Otro día hablaré del “Arte de la Felicidad en el trabajo”, pero hoy quisiera poner mi granito de arena para conseguir que el día sea más “glorioso” y que esté “más verde el campo y el cielo más azul”.

Muy buen día a tod@s.