¡¡Basta ya de quejarse!!

Hoy quiero dedicar unas líneas a esa costumbre tan española que es quejarse de una situación y luego no hacer nada al respecto.

A ver, no me entendáis mal, todos tenemos el derecho a quejarnos y al “pataleo”. Hasta es sano echar pestes de vez en cuando y gritar a los cuatro vientos las cosas que están mal o lo que nos molesta.

Por supuesto todos nos merecemos esos momentos de  desahogo y todos lo hacemos, incluido yo.

A lo que yo me estoy refiriendo en este post, es a esas personas para las que todo está siempre mal o que se quejan reiteradamente de algo sin intentar cambiar el mínimo detalle. ¿Para qué? ¿Cuál es el sentido de todo eso? ¿Dé qué sirve?

Einstein decía: no esperes resultados distintos haciendo siempre lo mismo. Si no cambias nada ¿por qué te quejas si las cosas siguen igual?

De acuerdo, no siempre podemos cambiar nuestro entorno a nuestro gusto, ni podremos hacer que todas las personas reaccionen como nosotros queremos. Desgraciadamente hay cosas sobre las que no podemos decidir o en las que no podemos influir ¡pero siempre podemos hacer algo!

Cuando menos, siempre podemos probar otro acercamiento, cambiar nuestra forma de verlo, la forma en la que nos afecta o nuestra forma de reaccionar.

No tiene sentido seguir quejándose indefinidamente y ni siquiera probar otras cosas o intentar que te afecte menos ¿no crees? ¿Qué buscamos con eso? ¿Sirve para algo? Sinceramente, lo dudo mucho.

Hay una frase que oí de pequeño y que los que me conocen me han oído mucho: SI LO QUE TE PREOCUPA TIENE SOLUCIÓN ¿POR QUÉ TE PREOCUPA? SI NO LA TIENE ¿PARA QUÉ PREOCUPARSE?

Ojo, no estoy diciendo que no hagamos nada ¡¡¡al contrario!!!

Si tiene solución ¡PONTE EN MARCHA!

Si no la tiene, quejarte una y otra vez no te va a servir de nada.

Es como salir a la calle un día de lluvia, e intentar hacer que pare de llover en lugar de coger un paraguas, no tiene sentido. Si no quieres mojarte: no salgas, coge un paraguas o cambia de actitud y asume que te vas a mojar (hasta puedes convertirlo en una anécdota divertida o en un juego).

No protestes porque no puedes cambiar algo que no está en tu mano, tómatelo de otra manera e intenta una manera distinta de afrontarlo.

Insisto. El problema de todo esto no es cuando protestamos por algo concreto o cuando soltamos un bufido (o incluso un insulto, ¿para qué engañarnos?) El problema es cuando esto es la tónica habitual y nos quejamos “por quejarnos” sin hacer nada.

¿Cuánta gente se queja de su jefe, de sus colaboradores, compañeros… y ni siquiera habla con ella/él/ellos? ¿Cuánta pone verde a otras personas que incluso desconocen que están haciendo algo que molesta? ¿Cuántas personas veis pasar una y otra vez por una situación que aborrecen, pero que nunca intentan cambiar? ¿O que se quejan de algo y no hacen nada? Creo que todos podemos identificar situaciones así y personas que actúan de esta manera, tanto en el trabajo como en la vida privada.

¡Ya está bien, por favor!

Si tanto te molesta, cámbialo.

Si no, es que para ti no es tan grave, así que no te quejes.

Perdón, que pierdo los papeles ;-)

No voy a seguir dando vueltas al tema, creo que está bastante claro y no merece la pena perder ni un minuto más en él. Sólo quería comentar algo que todos nos encontramos en nuestra vida ¡y no debería ser así!

Así que, como dice la canción, “basta ya de tanta tontería”, hagamos cosas por cambiar lo que no nos gusta y metamos mano a la vida.

Demos un paso adelante, pongámonos en marcha y cambiemos el mundo para que sea cada día un poquito mejor.

Un saludo a tod@s.

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El coche va donde van los ojos

Hace poco cayó en mis manos uno de esos libros ligeros y fáciles de leer, de esos para un rato antes de ir a dormir. Se llamaba “El arte de conducir bajo la lluvia” y, desde el punto de vista de un perro que cuenta su vida, va reflexionando sobre varios aspectos de las relaciones humanas, la propia vida, el cómo afrontar los problemas, etc.

No es mi intención hablar de este libro sino sobre una de las frases que se repiten en éste y es la que he usado como título en este post. “El coche va donde van los ojos”

 Me llamó la atención no sólo porque me la dijeran en la autoescuela (hace ya algunos años) sino porque me parece que nos puede servir para una reflexión interesante.  Y es que esa frase es una gran verdad y no solamente en la carretera sino en tu propia vida.

¿A qué me refiero con esto? Veamos, si vas conduciendo, entras en una curva y, por desgracia, te das cuenta de que lo has hecho más rápido de lo que deberías, y que en el exterior de esa curva hay un muro ¿hacia donde miras? Si quieres salir indemne, mejor que mires hacia la salida de la curva, porque como mires al muro, lo que estás haciendo es aumentar las posibilidades de darte de lleno contra él.

Si miro al muro no me centro en cómo salir de esta situación, sólo me estaré centrando en el problema, en el miedo, en las consecuencias. No estoy buscando la solución.

Y no sólo eso, sino que es muy probable que, inconscientemente, mis manos acaben girando el volante hacia el propio muro en lugar de hacia donde va la carretera, lo que en este caso aumenta el problema ¿verdad? (y ni siguiera estoy hablando del efecto Pigmalión, es simplemente un hecho físico, algo que está demostrado que sucede)

Si miro hacia la salida de la curva veo la solución, tengo más información y no dejo que mis miedos o problemas (el muro en este caso) me bloquee.

Me costará más o menos, pero sé hacia donde tengo que ir.

 En la vida, la familia, la empresa, etc. sucede algo parecido. Cuando tenemos un problema o hay algo que nos preocupa, muchas veces pasamos demasiado tiempo mirando hacia el “muro”, muchas veces nos agobiamos y nos bloqueamos, muchas veces nos dejamos llevar por lo que no queremos. Debemos cambiar nuestro foco y mirar menos al problema y más hacia la solución.

No podemos dejarnos llevar y quedarnos pensando “si me choco me mato, si me choco me mato” ¿porqué? Porque si lo haces, eso te va a bloquear y vas a chocar, seguro.  Pero tampoco podemos decirnos “no voy a pensar en el muro” Eso es como si te digo “no pienses en el color azul, olvídate del azul, hagas lo que hagas no pienses en el azul”… ¿En qué color piensas? Exacto, en el azul.

 No se puede “no pensar” en algo. Se puede pensar en otras cosas, se pueden buscar soluciones, se pueden ver alternativas. Pero es imposible no pensar.

Así que, si te preocupa que salga un proyecto en tu empresa ¿qué vas a hacer para sacarlo adelante? Si te agobia una reunión ¿qué vas a hacer para prepararla? Si lo que quieres es mejorar el ambiente en tu casa o el ambiente laboral que hay en tu oficina ¿cómo lo vas a hacer?

No mires al muro, mira a la salida de la curva.

El coche va donde van los ojos, también en tu vida personal y en tu vida laboral.

¿Falta de Compromiso de los Empleados?

Acabo de leer en una publicación de RR.HH. unos datos que me han dejado sorprendido. Creo que no es nada nuevo que uno de los problemas con los que se encuentran los directores y mandos de las empresas sea la implicación, motivación y el compromiso de los empleados. Esto es algo lógico y en lo que, además, se está invirtiendo mucho dinero desde hace tiempo porque está claro que la inversión merece la pena y hay un alto retorno de la inversión.Implicar empleados

Lo que me ha sorprendido es ver los porcentajes de un estudio reciente. Por ejemplo: que un 87% de los responsables están preocupados por la falta de compromiso de sus empleados y que sólo el 7% de los responsables de recursos humanos creen tener un adecuado programa de medición, impulso y mejora del compromiso de los trabajadores.

Es decir… Me preocupa que mi gente no se comprometa, pero no hago nada para mejorarlo, ni tengo un programa para medirlo ni impulsarlo…

¿¿¿??? No lo entiendo.

Esto es como si vas conduciendo hacia una pared, sabes que vas a chocar, te angustias por ello, pero ni frenas ni giras el volante… ¿Es que esperas que la pared se quite sola? Sinceramente, no creo que lo haga ;-)

Y con las personas es lo mismo.

Escribía en posts anteriores en una de las empresas con las que colaboro de lo importante que es tener esa “chispa” a la hora de hacer las cosas, de no conformarse con “cubrir el expediente” sino poner pasión en lo que haces, de implicarte e ir más allá.

Todos sabemos que no obtienes los mismos resultados en una tarea si te “metes de lleno” en ella, que si sólo la haces porque hay que hacerla (o que si ni siquiera la haces del todo, que también se ve)

Además, todos tenemos claro que en los últimos tiempos ha habido muchas circunstancias que han afectado a la implicación/motivación de los empleados: Menos seguridad laboral, cambios en el volumen de trabajo y en los resultados, dificultades añadidas por la situación económica, etc…

presentismo

Si sumas a esto que ya había mucha gente que iba al trabajo a “calentar la silla” y a la que la empresa le importaba sólo porque tenía que comer, está claro que hay que hacer algo para mejorar ese compromiso.

 

¿Qué podemos hacer? Gran cantidad de cosas, algunas más fáciles y otras más difíciles. Pero lo que desde luego no debemos hacer es no hacer nada y quedarnos preocupados porque nuestra gente no se implica.

Por ejemplo:

  • Habla con ell@s para ver qué piensan, qué quieren, qué les motivaría.
  • Comunica, informa, comparte… También tus dudas, miedos, reticencias y opiniones (siempre dentro de un límite, por supuesto).
  • Cambia lo que esté en tu mano para que su trabajo sea más fácil o divertido.
  • Infórmales de los objetivos y de lo que se espera de ell@s.
  • Dales Feedback.
  • Preocúpate por sus dificultades.
  • Establece planes de formación y desarrollo, y planes de carrera y de sucesión.
  • Fomenta la colaboración, la interacción y el “buen rollo”.
  • Demuéstrales lo que pueden ganar (y no hablo sólo de dinero)
  • Ayúdales a crecer y a creer.

En definitiva, si cuando tu gente se implica tienes mejores resultados, ¿A qué estás esperando para ayudarles a subir al carro?

implicación