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Momentos de estar solo

Algunos de los que me conocen, saben que varios de los posts de este blog han empezado a formarse en mi cabeza durante un rato de carrera continua en medio del campo. Hoy también he ido a correr un rato y me he dado cuenta de que, pese a lo que comento arriba, no he hecho más que una pequeña reseña sobre el tema.

Hoy, me ha apetecido dedicarle un post a esos momentos de reflexión, soledad e inspiración.

 

No os preocupéis, no voy a intentar convenceros caminode que hagáis ejercicio físico. Lo que sí quiero es dedicar unas líneas a reflexionar sobre la importancia de tener momentos “para nosotros”. Momentos de estar solos, como dice el título de este post, en los que pararnos a pensar, a analizar, a planificar. Momentos de tranquilidad y pausa en los que nos relajemos y cojamos perspectiva.

El “día a día” nos arrastra, las costumbres y la comodidad muy poderosas, y los tiempos de análisis y reflexión muy escasos. Lo que no podemos olvidar es que esos momentos son necesarios.

No sólo estoy hablando de esos momentos más “tranquilos” en nuestra actividad laboral en que aprovechamos para hacer las mil quinientas tareas para las que nunca tenemos tiempo y vamos acumulando. No me refiero a esos.

Esos momentos son fundamentales (especialmente si no hemos organizado nuestra actividad correctamente y si no los hemos planificado) En ellos ordenamos “nuestras vidas”, “apagamos fuegos” y sacamos “filo al hacha”.

Pero yo me refiero a otra cosa. Yo me refiero a que, en una sociedad donde el ritmo es frenético, la presión asfixiante y el ruido ensordecedor, necesitamos momentos de pausa. Como dirían en un anuncio muy conocido, necesitamos un “Kit-kat”.

Fijaos en la gente que va andando en la calle de una gran ciudad, paraos a “percibir realmente” el ruido que nos rodea durante nuestro día a día, prestad atención a la tensión que tenéis en vuestros hombros… Necesitamos esos momentos de “bajar el ritmo”.

relax

Hay cientos de estudios, tanto fisiológicos como psicológicos, que demuestran las ventajas de esos momentos.

Está científicamente probado que cuando nos concentramos intencionalmente en un pensamiento, emoción o actividad, tenemos menos estímulos que procesar y nuestros cerebros pueden entrar en ondas Alfa. Con la consciencia de ondas Alfa se libera la organización lógica y secuencial del cerebro izquierdo y nos permite también acceder a nuestro cerebro derecho intuitivo y más creativo.

Las ondas alfa conducen a la solución creativa de los problemas, aprendizaje acelerado,elevación del ánimo y reducción del estrés. Por eso, proveen de un puente entre nuestras mentes consciente, inconsciente y/o supraconsciente.

Por otro lado, nuestro cerebro derecho piensa en imágenes y sonidos que no están atados al lenguaje humano. Debido a ello, nuestros pensamientos son creativos cuando bailamos, disfrutamos, vemos una buena obra o escuchamos música agradable.

Si hay menos distracciones es más fácil escuchar nuestra propia voz interior. Es en este estado que tenemos nuestros momentos de “aha!”. Muchos actores, artistas, científicos y atletas recurren a este estado para lograr su inspiración y mejor actuación.

Esos momentos pueden ser muy variados. Puede ser escuchar música, mirar una puesta de sol o un paisaje, pasear o cerrar los ojos cinco minutos con los pies en alto…

Da igual como, pero reservemos un rato para desconectar cada día.

¿Cómo lo haces tú?

Démonos ese lujazo, porque es necesario para una vida mejor y más productiva.

En mi caso, una de las actividades preferidas para estos momentos es ponerme las zapatillas, salir al medio del campo y disfrutar de las sensaciones, los paisajes, la tranquilidad y de, como dice la canción, “la soledad del corredor de larga distancia”.

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Cada uno entiende lo que quiere…

Hoy quiero dedicar este post a un cuento que escuché el otro día y me hizo mucha gracia. Supongo que todos podemos ver alguna situación en la que se podría aplicar perfectamente la moraleja que se extrae. Espero que os guste:

Un monje zen vivía con su hermano tuerto e idiota.

Un día, que tenía que conversar con un famoso teólogo venido de lejos para verle, se vio obligado a ausentarse y dejar al teólogo con su hermano. Le dijo entonces a éste:

-¡Recibe y trata bien a este erudito! ¡Sobretodo no le digas una sola palabra y todo irá bien!

buda
El monje abandonó entonces el monasterio. A su regreso, fue a ver rápidamente a su visitante:
-¿Te ha recibido bien mi hermano?-le preguntó.
Lleno de entusiasmo el teólogo exclamó:
Tu hermano es una persona muy notable. Es un gran teólogo.
El monje, sorprendido, farfulló:
-¿Cómo?…,¿mi hermano, un… teólogo?
-Hemos tenido una conversación apasionante -prosiguió el erudito-, expresándonos sólo mediante gestos. Yo le he enseñado un dedo, él ha replicado mostrándome dos. Entonces yo le he respondido, como es lógico, mostrándole tres dedos, y él me ha dejado asombrado mostrándome un puño cerrado que ponía fin al debate…

Con un dedo, yo le he indicado la unidad de Buda. Con dos dedos, él ha ampliado mi punto de vista recordándome que Buda era inseparable de su doctrina. Encantado por la réplica, con tres dedos, yo le he dado a entender: Buda y su doctrina en el mundo. Entonces él me ha dado una réplica sublime mostrándome su puño: Buda, su doctrina y el mundo forman un todo. A esto se llama rizar el rizo.

Algún tiempo más tarde, el monje fue a ver a su hermano tuerto:
-¡Cuéntame lo que pasó con el teólogo!
-Es muy sencillo-dijo el hermano-. Él me provocó mostrándome un dedo para hacerme observar que yo no tenía más que un ojo. Al no querer ceder a la provocación, yo le repliqué que él tenía la suerte de tener dos. Se obstinó, sarcástico: “De todos modos, sumando los de los dos, hacen tres ojos”. Fue la gota que colmó el vaso. Mostrándole mi puño cerrado, le amenacé con dejarle tieso en el acto si no ponía fin a sus malintencionadas situaciones.


En este mundo de locos, cada uno entiende lo que quiere entender, y lo que le conviene según sus intereses del momento. No olvides que la realidad solo es una y no es ni buena ni mala, simplemente es….

Tan solo nuestra mente la transforma.

La Operación Bikini

Llegan unas fechas cuando se acerca el verano, en las que aumenta el calor y disminuye la cantidad y el tamaño de la ropa.

Estando ya en mayo, son muchos los que empiezan a pensar en que quieren “ponerse en forma” y poder estar algo mejor cuando vayan a la playa o la piscina… De ahí la famosa “operación bikini”

Mucha gente pretende logar en un mes lo que no ha hecho en años. Mucha gente busca resultados inmediatos e incluso milagros. De hecho, he visto una persona a la que un monitor de gimnasio le decía… “Aquí se hace ejercicio, no milagros”

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Independientemente de que compartas o no esa tendencia generalizada del culto a cuerpo y la estética, quiero utilizar esa circunstancia para hablar de algunas cosas que se ven también en las personas y en las empresas.

¿Cuántas veces nos hemos encontrado a personas que quieren que las cosas cambien pero no han hecho nada para conseguirlo? ¿Cuántas hemos visto un directivo quiere lograr cambios en su departamento “por arte de magia”? ¿No habéis visto al dueño de una empresa que se da cuenta de que sus ingresos están bajando y que quiere cambiar esa tendencia sin invertir prácticamente ni dinero ni esfuerzo?

Cuántas personas (a nivel laboral o personal) hemos “evitado ver” una situación que no nos gustaba y, aunque la veíamos, nos engañábamos a nosotros mismos o decíamos que no era para tanto o… Y cuando nos damos cuenta queremos que cambie de un día a otro… Me temo que no funciona así…

Al final, con todo esto quiero decir que si queremos las cosas “ya”, va a tener un coste y unas consecuencias que posiblemente no nos gusten (y eso cuando sea posible, que no siempre lo es)

Al igual que someterse a “dietas milagro” no suele llevar a buen puerto, querer hacer cambios radicales en los hábitos deportivos, comportamientos personales o empresariales, o en los equipos, tampoco va a funcionar si quiero conseguir algo que requiere un tiempo

Vamos a dejarnos del “Síndrome del examen final” (eso que hemos hecho todos de estudiar a última hora) y vamos a hacer las cosas bien.

Vamos a ser conscientes de dónde estamos “de verdad”, definamos un objetivo a lograr y tracemos un plan de acción razonable y coherente.objetivo 2

¿Que se acerca una fecha y queremos incrementar o mejorar lo que ya estamos haciendo? ¡¡Perfecto!! Eso seguro que te aporta cosas positivas. Pero sólo si ya estás haciendo algo. Si no tienes costumbre… no quieras correr porque no te va a llevar a ningún sitio… O ¿no conoces a nadie que tras 5 años de inactividad se apunta al gimnasio y va todos los días?… ¿Qué suele pasar? Que no dura más de dos semanas, se lesiona, desmotiva y no vuelve a pisar un gimnasio en otros 5 años.

Así que, si quieres cambiar algo, ponte en marcha, adelante… Pero sé realista con las acciones, los tiempos y define un buen plan.

¡¡Ánimo!!

Persiguiendo los sueños

Tras unos días de descanso en Semana Santa, retomamos la actividad  y, como no podía ser de otra manera, lo hago también en este blog.
Quiero seguir compartiendo con vosotros este espacio, tratando temas de la empresa y de la vida, y reflexionando en voz alta mientras espero que os sea de utilidad.

En el post de hoy quiero hablar de un pensamiento que me ha venido esta mañana. Todos conocemos esa famosa frase: “la esperanza es lo último que se pierde”. Cada vez que la oía de adolescente, no podía evitar esbozar una sonrisa y pensar: “Sí, lo último es la esperanza o el autobús, una de dos.”

Hoy he vuelto a leer una frase de Terri Guillemets: “Persigue tus pasiones y sueños como si fueran el último autobús de la noche”¿Os imagináis como sería eso?

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¿Quién no se ha echado una buena carrera y ha dado todo de sí mismo al ver que perdía el último medio de transporte del día? ¿Quién no se ha esforzado para no llegar tarde o quedarse tirado en medio de ninguna parte? ¿Cuántas veces, de adolescentes, hemos corrido detrás de ese último autobús pensando “como lo pierda, mis padres me matan”?

¿Qué pasaría si, como dice la frase anterior, pusiéramos esas ganas y esa energía en nuestras pasiones y sueños? ¿Qué pasaría si lucháramos con todo lo que tenemos por lo que nos hace feliz?
Muchas veces dejamos pasar nuestros sueños como si hubiera “otro tren” dentro de 10 minutos. Muchas veces nos vemos envueltos en el día a día y olvidamos nuestras pasiones, nuestras ilusiones, nuestros objetivos.
El problema de esto no es sólo que no los logras, sino que además, te alejas de ellos.
Tony Robbins dice que sólo se desarrolla aquello en lo que pones el foco… Pero ahí no queda todo, el problema es que en un mundo tan dinámico como el de hoy, si no avanzas, retrocedes. Es como uno de esos globos de las películas estadounidenses que se van llenado con una manguera, si dejas de echarles agua vuelven a hacerse pequeños.

Las personas nos olvidamos de nuestros sueños y no los perseguimos como a ese último autobús. Dejamos que nuestras pasiones caigan fuera de nuestro foco y también les quitamos esfuerzo y dedicación.

Hagamos caso a Terri Guillemets y no nos olvidemos de eso que nos apasiona ni de nuestros sueños. No dejemos que el día a día nos lleve a ser conformistas o a no dar el 100% por lo que nos ilusiona y nos da vida.

Persigue tus sueños, persigue tus pasiones y súbete a ese “autobús” que te va llenar de vida y va lograr que alcances la mejor versión de ti mismo.

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NO BUSQUES CULPABLES, BUSCA SOLUCIONES

Ésta es una frase que, cada vez más a menudo, me apetece gritar mientras cojo de la pechera a esas personas que gastan todo su tiempo y energía en encontrar, acusar y condenar a los responsables de una situación o de otra…

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¿De qué nos sirve acusar a alguien de tener la culpa de algo?

¿De qué nos sirve poner todo nuestro foco en señalar con el dedo a la persona que ha hecho algo que nos ha llevado a una situación?

¿Qué nos aporta, sea verdad o no, afirmar con rotundidad que estamos así por culpa de esta persona o de otra?

 

Deja de buscar culpables… Plantéate las causas y, sobre todo, busca las soluciones

 

Por supuesto es importante saber qué ha pasado, analizar cuáles son las causas y, por lo tanto, antes o después se identificará al causante…

Claro, está bien obtener esa información y tenerla en cuenta, vale, pero no pierdas el foco de lo importante… Lo fundamental es encontrar una solución ¿no? No lo olvides.

Son muchos los que se quedan en señalar y culpabilizar a los responsables, y ponen todo su foco en “regañar”, criticar o incluso decir el típico “ya te lo dije” o “a mi no me mires, que ha sido él/ella”

¡¡¡Pero eso no nos sirve de nada!!!

Estoy convencido de que tod@s podemos identificar situaciones de este tipo en nuestro día a día. Creo que tod@s hemos visto a gente haciendo esto mismo (o incluso lo hemos hecho) Pues ¿sabéis qué?, no sólo no solucionamos la situación sino que además provocamos un ambiente que no es nada propicio, ni para el trabajo ni para las relaciones.

Seamos prácticos, olvidemos nuestras rencillas, las “deudas pendientes” e incluso nuestras inseguridades o instintos básicos. Cuando nos enfrentemos a una situación complicada, hagamos como decíamos en otro post y miremos hacia la “salida de la curva

 

Busquemos soluciones, creemos alternativas, minimicemos lo negativo y saquemos partido a lo positivo, enfoquémonos en el futuro y luchemos por avanzar…

Vamos a dejar de buscar culpables y vamos a porner nuestras energías a analizar los hechos y a mirar hacia el futuro ¿vale?… Te garantizo que nos irá mejor. Mucho mejor, ¡seguro!

Adelante

Cómo lograr tus Propósitos de Año Nuevo

gato-y-pesasAunque aún quedan unos días de estar algo dispersos, con prisas, de compras, atascos, comidas y familia, poco a poco vamos recuperando la normalidad y volviendo a nuestro día a día.
Volvemos a nuestra realidad y, en muchos casos, lo hacemos con la mochila cargada de buenos propósitos e intenciones de mejorar.
Queremos perder peso, dejar de fumar, aprender un idioma, mejorar nuestra formación o incluso nuestra relación de pareja…

Pero… ¿cuántas veces esos buenos propósitos se nos han olvidado antes de llegar febrero? ¿Cuántas veces vemos cómo esa ilusión y energía que nos llena en Año Nuevo se va diluyendo como un azucarillo con el paso de los días?
¿Qué nos pasa? ¿Es que no queremos conseguir lo que nos hemos propuesto? Claro que sí, pero muchas veces no sabemos qué tenemos que hacer para que esa ilusión se transforme en resultados.

En este primer post del 2017, quiero mandaros toda la energía del mundo y un par de ideas muy sencillitas para intentar que esos propósitos, esos sueños y objetivos, sean más que meras ilusiones que después nos hacen sentir mal, por no habernos acercado siquiera.

Quiero animaros a que hagamos un pequeño ejercicio de reflexión que nos muestre las claves que nos van a ayudar a mejorar nuestra vida.

Tranquilos, no pido que hagáis nada complicado ni difícil de hacer, pero no olvidemos que pequeñas modificaciones sostenidas en el tiempo, provocan grandes variaciones. Si vas de Lisboa a Nueva York y varías tu trayectoria en tan solo un grado cada 100 kilómetros ¿dónde acabas?

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Así que, como decían New Kids on the block… “STEP BY STEP”.  Ve paso a paso, sé constante y persevera.
Además, si el resultado de cambiar pequeños hábitos es que conseguimos una vida mejor, no es mal resultado ¿Verdad? Incluso aunque no sea perfecta.

Pues vamos a ello 😉

1) Lo primero, recalcar que el secreto para conseguir cosas está en la acción.
Da igual que tengamos el mejor propósito imaginable, da igual que sea el más completo y ambicioso o el más sencillo… Si no hacemos cosas NO LO VAMOS A CONSEGUIR.
Una pequeña acción es mejor que el mejor de los planes.
No podemos quedarnos en una declaración de intenciones, tenemos que ponernos a ello y hacer cosas.

2) Así pues, preguntémonos… ¿Qué quiero conseguir? 
¿Qué me llevaría a estar mejor, más feliz, más completo? Olvídate de lo que “tienes que hacer” y concéntrate en lo que quieres de verdad.
No lo que quiere otra persona sino lo que quieres TÚ. ¿Qué te mueve? ¿Qué resultado te gustaría obtener?

Y una cosa fundamental: ¿Por qué? ¿qué te aportaría? ¿cómo te sentirías si lo consiguieras? ¿qué va a implicar en otras áreas y a otras personas de tu vida?
Piensa en eso (aunque te parezca una tontería) porque tener claras tus razones y sentirlas como reales, te ayudará en los momentos de desánimo (y sin duda los habrá, tenlo claro)

3) Otra de las cosas que no pueden faltar es el Cómo.
Ahora que tenemos claro nuestro resultado a conseguir, veamos cómo lo vamos a hacer.
¿Qué pasos vas a seguir? ¿qué vas a necesitar? ¿a quién le vas a pedir ayuda?

Y se realistas, ten paciencia y no trates de pasar de 0 a 100 en un abrir y cerrar de ojos.

esqueleto-fumandoSi llevo 30 años fumando un paquete al día, es muy probable que no deje de fumar si corto con el tabaco de un día a otro.
Quien sea capaz y quiera hacerlo así, perfecto, pero sé consciente de que eso supone un esfuerzo que quizás no te compense. Hay pasos intermedios no tan radicales que me llevan al mismo resultado.

Elige tu modo, traza tu camino y busca el equilibrio entre lo que tienes que invertir y lo que quieres conseguir. Cuando digo invertir, hablo de dinero, de energía, esfuerzo y, por supuesto, de tiempo.
No olvidemos que las cosas no se consiguen estilo “embrujada” simplemente moviendo la nariz… Siempre tenemos que invertir algo, siempre hay un precio en un sentido o en otro aunque no sea en dinero. Sé coherente y ten claro qué te compensa para llegar a tu objetivo.

4) Y márcate referencias en ese camino.
Ponte puntos que te vayan indicando que vas en la dirección adecuada. Si quieres ir de Madrid a La Coruña y pasas por San Rafael,  Medina del Campo y Benavente, sabes que vas bien. Si llegas a Toledo, revisa tu ruta.

En la vida y en la empresa es igual. Hay que marcarse puntos de control, indicadores, hitos, señales… Y hay que hacer seguimientos (pequeños controles) para ver cómo vas, analizar las acciones y los resultados.
Estos controles intermedios SON FUNDAMENTALES… Ya lo decía Aristóteles “si no mido, no avanzo”.
Es la única manera de saber si vamos en la dirección correcta y de que nuestros esfuerzos se mantengan el tiempo necesario. Al final, no olvides que no saber cómo vas, desmotiva más que saber que vas mal.

Tenemos que pensar en nuestros pequeños objetivos y pequeños pasos. Si mi objetivo es bajar peso y he seguido mi plan de entrenamiento, puede ser en una semana no haya bajado ni un kilo. ¡¡¡No te desanimes!!! Eso puede ser por muchos factores. Analízalo, ajusta el plan y sigue. Pero sobretodo, ten claro que SÍ has hecho cosas y has conseguido resultados.
No los que querías, pero son resultados. Ahora toca ajustarlo, eso es todo.
Además, si no has perdido de vista tu objetivo, seguro que estarás más cerca.

Y tras este “tocho”… RESUMIMOS:

Si queremos que nuestros propósitos, nuestros objetivos y nuestras metas sean una realidad, debemos:
–         Tener clara la dirección. Saber cuál es nuestro objetivo, qué resultado queremos. Y PREGUNTARNOS POR QUÉ. Date un motivo, una emoción, un sentido para ti. Será más fácil que no abandones.
–         Ponte en movimiento. HACER COSAS es la base de todo.
–         PERSEVERA, persevera y persevera. Date tiempo, sigue, no abandones.
–         Traza un plan (ambicioso pero realista), marca unos indicadores y establece los momentos de seguimiento, análisis y ajuste. Comprueba cómo vas, optimiza tus acciones y sigue adelante.
–         Y una última cosa… Cuando consigas un resultado (por pequeño que sea) CELÉBRALO. Sé consciente de tus pequeños éxitos, valóralos y úsalos como base para logros futuros.

CONSIGAMOS QUE ESTE AÑO SEA NUESTRO AÑO.
HAGAMOS QUE, ESTA VEZ, NUESTROS PROPÓSITOS SÍ SE CONVIERTAN EN REALIDAD.

MUY FELIZ 2017 ¡Hagamos que este año sea inolvidable!
Yo estoy convencido… ¿te unes?

Escucha para comprender

Hoy os propongo una cosa… Pensad en qué hacéis cuando alguien os viene a contar algo. Da igual qué sea, pensad en alguien de vuestro trabajo, algún amigo, alguien de vuestra familia ¿Qué hacéis? ¿Cómo escucháis?

Vale, si no escucháis y sólo oís, tenemos más trabajo que hacer. Empezad por ahí, por prestar atención. Volved de vuestro mundo cuando estéis interaccionando con otros, de verdad que os lo van a agradecer.

Exceptuando ese caso y bromas aparte, es un hecho que todos nos hemos encontrado en más de una situación en la que estábamos escuchando para contestar.

Si, sé que parece una obviedad, pero lo que estoy proponiendo es ir más allá de eso. Estoy proponiendo que escuchemos con una actitud empática, que intentemos escuchar para algo más que para dar nuestra opinión, para más que rebatir algo, dar nuestra solución al problema o para tratar de convencer al otro.

Piénsalo. ¿Cuántas veces ves a gente que interrumpe a otro o que está esperando que ese otro acabe, para poder dar su opinión? ¿Cuántas personas conoces a las que les han subido los colores por haber sacado conclusiones equivocadas al haberse precipitado?

¿Cuántas veces has oído a las personas decirse “eres un cabezota”, “hablar contigo es hablar como una pared”, “no te preocupas por mi” “te da igual lo que te diga” o incluso “ya tienes la decisión tomada y criticas todo lo que digo”?

El caso es que nos cuesta escuchar, pero sobretodo, nos cuesta hacerlo de una manera empática. Cuando prestamos atención a lo que otro nos está diciendo, suele ser para contestar, no para comprender.

Pero no te olvides de una cosa, si no comprendemos al otro y los mensajes son malinterpretados, ignorados o simplemente omitidos, aparece frustración. Esto va a llevar a que  la comunicación y el trabajo en equipo disminuyan y, finalmente, se empobrecen los resultados del trabajo.

Parte de la incapacidad para escuchar gira en torno a la impaciencia, la falta de humildad y el no pensar que la opinión del otro es igual o hasta más valiosa que la mía.

Pues bien, si queremos evitar eso debemos empezar a “escuchar para comprender”

 ¿A qué me refiero? A que debemos atender a qué me está diciendo, pero además debemos pensar por qué me lo está diciendo, qué le lleva a decírmelo, cómo ve esa persona la circunstancia o el hecho del que me habla, cómo se puede sentir con ese asunto…

Me refiero a establecer un verdadero diálogo, una conversación abierta, predispuesta y sincera, en la que nos pongamos en los zapatos de la otra persona, que intentemos entender su forma de ver las cosas. Es además no enturbiar  la comunicación con nuestras propias apreciaciones y conceptos, y atender al otro sin juzgar. 

Estoy animándoos a que vayamos más allá de querer exponer nuestras ideas… Los demás también las tienen, escuchadlas.

El verdadero diálogo se basa en (y genera) empatía. Si yo comprendo al otro, me va a ser mucho más fácil llegar al fondo de los problemas, contestarle, ayudarle o expresarle lo que pienso yo. Pero es que, además, se producirán muchos menos malentendidos.

Si quieres que haya verdadera comunicación…

ASEGÚRATE DE COMPRENDER PARA SER COMPRENDIDO.

¡¡Basta ya de quejarse!!

Hoy quiero dedicar unas líneas a esa costumbre tan española que es quejarse de una situación y luego no hacer nada al respecto.

A ver, no me entendáis mal, todos tenemos el derecho a quejarnos y al “pataleo”. Hasta es sano echar pestes de vez en cuando y gritar a los cuatro vientos las cosas que están mal o lo que nos molesta.

Por supuesto todos nos merecemos esos momentos de  desahogo y todos lo hacemos, incluido yo.

A lo que yo me estoy refiriendo en este post, es a esas personas para las que todo está siempre mal o que se quejan reiteradamente de algo sin intentar cambiar el mínimo detalle. ¿Para qué? ¿Cuál es el sentido de todo eso? ¿Dé qué sirve?

Einstein decía: no esperes resultados distintos haciendo siempre lo mismo. Si no cambias nada ¿por qué te quejas si las cosas siguen igual?

De acuerdo, no siempre podemos cambiar nuestro entorno a nuestro gusto, ni podremos hacer que todas las personas reaccionen como nosotros queremos. Desgraciadamente hay cosas sobre las que no podemos decidir o en las que no podemos influir ¡pero siempre podemos hacer algo!

Cuando menos, siempre podemos probar otro acercamiento, cambiar nuestra forma de verlo, la forma en la que nos afecta o nuestra forma de reaccionar.

No tiene sentido seguir quejándose indefinidamente y ni siquiera probar otras cosas o intentar que te afecte menos ¿no crees? ¿Qué buscamos con eso? ¿Sirve para algo? Sinceramente, lo dudo mucho.

Hay una frase que oí de pequeño y que los que me conocen me han oído mucho: SI LO QUE TE PREOCUPA TIENE SOLUCIÓN ¿POR QUÉ TE PREOCUPA? SI NO LA TIENE ¿PARA QUÉ PREOCUPARSE?

Ojo, no estoy diciendo que no hagamos nada ¡¡¡al contrario!!!

Si tiene solución ¡PONTE EN MARCHA!

Si no la tiene, quejarte una y otra vez no te va a servir de nada.

Es como salir a la calle un día de lluvia, e intentar hacer que pare de llover en lugar de coger un paraguas, no tiene sentido. Si no quieres mojarte: no salgas, coge un paraguas o cambia de actitud y asume que te vas a mojar (hasta puedes convertirlo en una anécdota divertida o en un juego).

No protestes porque no puedes cambiar algo que no está en tu mano, tómatelo de otra manera e intenta una manera distinta de afrontarlo.

Insisto. El problema de todo esto no es cuando protestamos por algo concreto o cuando soltamos un bufido (o incluso un insulto, ¿para qué engañarnos?) El problema es cuando esto es la tónica habitual y nos quejamos “por quejarnos” sin hacer nada.

¿Cuánta gente se queja de su jefe, de sus colaboradores, compañeros… y ni siquiera habla con ella/él/ellos? ¿Cuánta pone verde a otras personas que incluso desconocen que están haciendo algo que molesta? ¿Cuántas personas veis pasar una y otra vez por una situación que aborrecen, pero que nunca intentan cambiar? ¿O que se quejan de algo y no hacen nada? Creo que todos podemos identificar situaciones así y personas que actúan de esta manera, tanto en el trabajo como en la vida privada.

¡Ya está bien, por favor!

Si tanto te molesta, cámbialo.

Si no, es que para ti no es tan grave, así que no te quejes.

Perdón, que pierdo los papeles ;-)

No voy a seguir dando vueltas al tema, creo que está bastante claro y no merece la pena perder ni un minuto más en él. Sólo quería comentar algo que todos nos encontramos en nuestra vida ¡y no debería ser así!

Así que, como dice la canción, “basta ya de tanta tontería”, hagamos cosas por cambiar lo que no nos gusta y metamos mano a la vida.

Demos un paso adelante, pongámonos en marcha y cambiemos el mundo para que sea cada día un poquito mejor.

Un saludo a tod@s.

9 mujeres no hacen un niño en un mes

Albert Einstein dijo algo parecido a “las cosas deben mantenerse simples, pero no demasiado”. Pues eso mismo debemos tener en cuenta cuando queremos alcanzar algo por lo que estamos impacientes y lo queremos “ya”.

Muchas veces, no por correr más o trabajar más duro o echar más horas al día lo lograremos.

extra mile

Soy un fiel convencido de trabajar bien, duro y con ganas.
Creo en el esfuerzo y en ir a por la “milla extra” para las cosas que de verdad quieres; también en que si en casos excepcionales hay que acabar algo “ya”, no hay horarios ni fines de semana. Comprendo y comparto que las cosas hay que cerrarlas pronto, que es mejor acabarlas lo antes posible y evitar que se eternicen o incluso que no las acabemos…

Pero tenemos que ser conscientes de que hay cosas que requieren un proceso… Y un tiempo… Cosas que no sólo no lograremos antes por más que nos esforcemos, sino que hasta haremos que tarden más por no respetar sus plazos.

A menudo nos encontramos con empresas o directivos que quieren lograr resultados inmediatos. Personas que creen que por cambiar un comportamiento, un objetivo o una política de la compañía, lograrán lo que pretenden en un abrir y cerrar de ojos.

Lo malo de esto es que, como no son realistas y no se alcanzan, lo que suelen provocar es el malestar del equipo, la presión excesiva, el agotamiento de los recursos e incluso que nos alejemos de los objetivos.

Como dice el título del post, nueve madres no hacen un niño en un mes. Hay cosas que requieren un tiempo, un proceso, unas circunstancias. Por más que intentemos acelerarlo no estaremos haciendo más que desperdiciar un esfuerzo y una energía magníficos.

embarazo

No hace mucho fui testigo de cómo, en una empresa, se quería cambiar la forma de vender de sus comerciales,  mejorar la implicación de sus equipos y doblar los objetivos… Tras cambiar una serie de procesos, modificar el sistema de incentivos y hacer un par de gestos desde la Dirección, los responsables no entendían que los empleados no estuvieran dando todo lo que se esperaba de ellos. Desde la empresa habían “hecho un esfuerzo” y querían “resultados ya”… Si no los lograban, era porque había que meter más presión, ser más duros, hacer más horas, doblar las tareas de cada uno.

Afortunadamente, en el área en el que yo estaba colaborando hicimos algo distinto a esto que proponía la empresa y nos centramos, no sólo en los objetivos numéricos, sino en la evolución de los comportamientos (también en el corto plazo) y en los objetivos a medio y largo plazo. Al  poco tiempo, los resultados nos dieron la razón. No habíamos caído en la histeria en la que incurrió la Dirección (con lo que ello conllevó) sino que habíamos entendido ese cambio como un proceso, teníamos muy claro cuál era el objetivo final, comprendimos el ritmo y los pasos que esto requería, y logramos los objetivos que pretendía la empresa de un modo muchísimo más eficiente, más rápido y más duradero.

Respetemos los tiempos. Esforcémonos, dejémonos la piel por nuestros objetivos, nuestras metas y nuestros sueños… Pero seamos conscientes de los tiempos que se requieren.

Dejemos madurar a las cosas, respetemos sus procesos. Os garantizo que nos irá mucho mejor. Estaremos consiguiendo lo que queremos y además lo lograremos de una manera infinitamente más agradable.

No se puede motivar a nadie

No, no te confundas, no puedes juntarte con alguien y decirle, “mira, lo que tienes es que tener ganas y hacer esto y poner toda tu alma, todas tus ganas y el 100% de ti mismo” O algo como: “no, de verdad… Si es que tienes que querer hacer esomotivar

Me temo que esto no funciona así…

En más de una ocasión, he podido ver caras de asombro cuando en algún curso, hablando de motivación, he soltado el título de este post: “no se puede motivar a nadie”.

Y es que es así, por mucho que quieras, tú no puedes motivar a nadie. Si una persona no quiere hacer algo, si le da igual o si no  ve nada que le incite a la acción o nada que le a él o ella mismo/a le implique o le motive… olvídate. NO PODRÁS LOGRAR HACER QUE QUIERA

La motivación no es algo que venga de fuera. Las ganas no se pueden insuflar, la fuerza, la energía no es un bien traspasable de unos a otros. El que tú veas algo como súper, súper importante o como muy, muy bueno, no te garantiza que otra persona pueda llegar a comprender (o tan siquiera a ver) que eso es así.

Pero tranquilo/a, POR SUPUESTO QUE PODEMOS HACER ALGO.

Claro que tenemos nuestro margen de maniobra o nuestra pequeña parcela para actuar sobre la motivación de los demás. Pero no pienses jamás que, aunque alguien no quiera, tú vas a motivarle y a hacer que se suba al carro.

Lo siento, pero esto no es así.

Y si la motivación es algo interno de cada uno, ¿cómo podemos motivar a las personas que nos rodean, a nuestros empleados o a nuestros equipos?  Actuando sobre el entorno.

Lo que sí podemos hacer es favorecer las circunstancias que provoquen que la otra persona se motive. Él o ella misma, no tú… Pero puedes actuar sobre eso.

Yo no puedo lograr que algo te mueva a ti a hacer esto o lo otro, pero sí puedo lograr que las circunstancias sean propicias para que tú veas un beneficio para ti, o que “te piques” y quieras hacerlo, o que lo veas como una necesidad. Eso sí.

tirar del carroEn nuestras manos tenemos muchísimas herramientas para interactuar con el otro, tenemos mil oportunidades de comunicar, de “manipular” (en el sentido positivo), de hacer pensar…. Son ocasiones inmejorables para poder influir y lograr que las personas se motiven. Ojo, no podemos motivarlas, pero sí podemos favorecer que ellos mismos se motiven.

Además, os voy a contar un secreto…

Los seres humanos, como animalitos que somos, estamos programados para el éxito. Tanto es así que, en la naturaleza, el fracaso supone la muerte  (e insisto, aún somos animales, nos guste o no).

Estamos programados para la supervivencia y, por lo tanto, para el éxito.

El gran reto del directivo o del mando, es lograr que sus equipos vean cada oportunidad para lograr un éxito personal (y/o colectivo) El auténtico desafío es lograr que las personas de tu entorno comprendan que, haciendo lo que tú propones (eso por lo que quieres que se motiven) van a lograr mejorar, ganar algo o ser más felices.

Te garantizo que si haces eso, la gente estará motivada. Sin duda.

No malgastes tus esfuerzos en insuflar ganas en una persona o convencerle de que lo mejor para él/ella es que tenga ganas de hacer una tarea. Despierta en él/ella una inquietud para lograr algo positivo para él/ella.

Como dijo Antoine de Saint-Exupéry…

“Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho.”

 casco barco