Escucha para comprender

Hoy os propongo una cosa… Pensad en qué hacéis cuando alguien os viene a contar algo. Da igual qué sea, pensad en alguien de vuestro trabajo, algún amigo, alguien de vuestra familia ¿Qué hacéis? ¿Cómo escucháis?

Vale, si no escucháis y sólo oís, tenemos más trabajo que hacer. Empezad por ahí, por prestar atención. Volved de vuestro mundo cuando estéis interaccionando con otros, de verdad que os lo van a agradecer.

Exceptuando ese caso y bromas aparte, es un hecho que todos nos hemos encontrado en más de una situación en la que estábamos escuchando para contestar.

Si, sé que parece una obviedad, pero lo que estoy proponiendo es ir más allá de eso. Estoy proponiendo que escuchemos con una actitud empática, que intentemos escuchar para algo más que para dar nuestra opinión, para más que rebatir algo, dar nuestra solución al problema o para tratar de convencer al otro.

Piénsalo. ¿Cuántas veces ves a gente que interrumpe a otro o que está esperando que ese otro acabe, para poder dar su opinión? ¿Cuántas personas conoces a las que les han subido los colores por haber sacado conclusiones equivocadas al haberse precipitado?

¿Cuántas veces has oído a las personas decirse “eres un cabezota”, “hablar contigo es hablar como una pared”, “no te preocupas por mi” “te da igual lo que te diga” o incluso “ya tienes la decisión tomada y criticas todo lo que digo”?

El caso es que nos cuesta escuchar, pero sobretodo, nos cuesta hacerlo de una manera empática. Cuando prestamos atención a lo que otro nos está diciendo, suele ser para contestar, no para comprender.

Pero no te olvides de una cosa, si no comprendemos al otro y los mensajes son malinterpretados, ignorados o simplemente omitidos, aparece frustración. Esto va a llevar a que  la comunicación y el trabajo en equipo disminuyan y, finalmente, se empobrecen los resultados del trabajo.

Parte de la incapacidad para escuchar gira en torno a la impaciencia, la falta de humildad y el no pensar que la opinión del otro es igual o hasta más valiosa que la mía.

Pues bien, si queremos evitar eso debemos empezar a “escuchar para comprender”

 ¿A qué me refiero? A que debemos atender a qué me está diciendo, pero además debemos pensar por qué me lo está diciendo, qué le lleva a decírmelo, cómo ve esa persona la circunstancia o el hecho del que me habla, cómo se puede sentir con ese asunto…

Me refiero a establecer un verdadero diálogo, una conversación abierta, predispuesta y sincera, en la que nos pongamos en los zapatos de la otra persona, que intentemos entender su forma de ver las cosas. Es además no enturbiar  la comunicación con nuestras propias apreciaciones y conceptos, y atender al otro sin juzgar. 

Estoy animándoos a que vayamos más allá de querer exponer nuestras ideas… Los demás también las tienen, escuchadlas.

El verdadero diálogo se basa en (y genera) empatía. Si yo comprendo al otro, me va a ser mucho más fácil llegar al fondo de los problemas, contestarle, ayudarle o expresarle lo que pienso yo. Pero es que, además, se producirán muchos menos malentendidos.

Si quieres que haya verdadera comunicación…

ASEGÚRATE DE COMPRENDER PARA SER COMPRENDIDO.

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¡¡Basta ya de quejarse!!

Hoy quiero dedicar unas líneas a esa costumbre tan española que es quejarse de una situación y luego no hacer nada al respecto.

A ver, no me entendáis mal, todos tenemos el derecho a quejarnos y al “pataleo”. Hasta es sano echar pestes de vez en cuando y gritar a los cuatro vientos las cosas que están mal o lo que nos molesta.

Por supuesto todos nos merecemos esos momentos de  desahogo y todos lo hacemos, incluido yo.

A lo que yo me estoy refiriendo en este post, es a esas personas para las que todo está siempre mal o que se quejan reiteradamente de algo sin intentar cambiar el mínimo detalle. ¿Para qué? ¿Cuál es el sentido de todo eso? ¿Dé qué sirve?

Einstein decía: no esperes resultados distintos haciendo siempre lo mismo. Si no cambias nada ¿por qué te quejas si las cosas siguen igual?

De acuerdo, no siempre podemos cambiar nuestro entorno a nuestro gusto, ni podremos hacer que todas las personas reaccionen como nosotros queremos. Desgraciadamente hay cosas sobre las que no podemos decidir o en las que no podemos influir ¡pero siempre podemos hacer algo!

Cuando menos, siempre podemos probar otro acercamiento, cambiar nuestra forma de verlo, la forma en la que nos afecta o nuestra forma de reaccionar.

No tiene sentido seguir quejándose indefinidamente y ni siquiera probar otras cosas o intentar que te afecte menos ¿no crees? ¿Qué buscamos con eso? ¿Sirve para algo? Sinceramente, lo dudo mucho.

Hay una frase que oí de pequeño y que los que me conocen me han oído mucho: SI LO QUE TE PREOCUPA TIENE SOLUCIÓN ¿POR QUÉ TE PREOCUPA? SI NO LA TIENE ¿PARA QUÉ PREOCUPARSE?

Ojo, no estoy diciendo que no hagamos nada ¡¡¡al contrario!!!

Si tiene solución ¡PONTE EN MARCHA!

Si no la tiene, quejarte una y otra vez no te va a servir de nada.

Es como salir a la calle un día de lluvia, e intentar hacer que pare de llover en lugar de coger un paraguas, no tiene sentido. Si no quieres mojarte: no salgas, coge un paraguas o cambia de actitud y asume que te vas a mojar (hasta puedes convertirlo en una anécdota divertida o en un juego).

No protestes porque no puedes cambiar algo que no está en tu mano, tómatelo de otra manera e intenta una manera distinta de afrontarlo.

Insisto. El problema de todo esto no es cuando protestamos por algo concreto o cuando soltamos un bufido (o incluso un insulto, ¿para qué engañarnos?) El problema es cuando esto es la tónica habitual y nos quejamos “por quejarnos” sin hacer nada.

¿Cuánta gente se queja de su jefe, de sus colaboradores, compañeros… y ni siquiera habla con ella/él/ellos? ¿Cuánta pone verde a otras personas que incluso desconocen que están haciendo algo que molesta? ¿Cuántas personas veis pasar una y otra vez por una situación que aborrecen, pero que nunca intentan cambiar? ¿O que se quejan de algo y no hacen nada? Creo que todos podemos identificar situaciones así y personas que actúan de esta manera, tanto en el trabajo como en la vida privada.

¡Ya está bien, por favor!

Si tanto te molesta, cámbialo.

Si no, es que para ti no es tan grave, así que no te quejes.

Perdón, que pierdo los papeles ;-)

No voy a seguir dando vueltas al tema, creo que está bastante claro y no merece la pena perder ni un minuto más en él. Sólo quería comentar algo que todos nos encontramos en nuestra vida ¡y no debería ser así!

Así que, como dice la canción, “basta ya de tanta tontería”, hagamos cosas por cambiar lo que no nos gusta y metamos mano a la vida.

Demos un paso adelante, pongámonos en marcha y cambiemos el mundo para que sea cada día un poquito mejor.

Un saludo a tod@s.